Consumo de sustancias, tres ópticas occidentales

Las toxicomanías son un fenómeno netamente occidental en cuanto a su relación con la patología y el discurso médico hegemónico. Es decir son padecimientos vinculados al capitalismo.
Una mirada antropológica ubica la ingesta de sustancias en  estratos absolutamente distintos: el de la medicina tradicional por un lado, y  en  el campo exploratorio de la consciencia y su rol con las relaciones armónicas de su entorno, por el otro; y sus obvias interconexiones.
 
Las culturas pre-cristianas, todas, han usado como vehículo de conocimiento plantas con propiedades modificadoras de la consciencia como parte fundamental de su acervo cultural.
 -Desde una óptica psicodinámica

 Se encuentra dentro  de una categoría junto a otros trastornos que comparten de forma cardinal el concepto de “compulsión a la repetición” como síntoma.
 Laplanche y Pontalis [ Diccionario de psicoanálisis]:
                                               A nivel de psicopatología concreta, proceso incoercible de origen inconsciente, en virtud del cual, el sujeto
se coloca activamente en situaciones penosas repitiendo así experiencias antiguas, sin recordar el prototipo
sino, bien al contrario, que se trata de algo que encuentra su motivación plena en la actualidad.
 Los toxicómanos ponen especialmente de manifiesto la dimensión pulsional que habita en todo sujeto; es
como si el adicto la mostrara de manera descarnada, pues en él se manifiesta sin la moderación que se
ejerce sobre ellas desde otras instancias psíquicas […].
                                                             (V. Korman).
Las toxicomanías como neurosis del carácter y desórdenes del control de impulsos


 
Neurosis del carácter:

Las toxicomanías estarían dentro de los denominados trastornos del carácter; específicamente, reflejarían la existencia de una neurosis del carácter, tipo de estructura de la personalidad caracterizada por el constante intento de satisfacción de las pulsiones instintivas, sin la adecuada acción modificadora del yo, tanto en lo referido a la conservación del principio de realidad externa como con la integración de cada impulso en el conjunto de las necesidades totales del individuo. Esta infiltración neurótica determina una estructuración caracterológica que se traduce en un comportamiento anómalo, disarmónico, impulsivo y desajustado, razón por la cual el sujeto entra en conflictos con su familia, el sistema social, el ámbito profesional y sexual, etc. (Coderch, 1991).
Entre las neurosis del carácter encontramos las personalidades psicopáticas, las perversiones sexuales y las toxicomanías. En ellos observamos una descompensación de toda la personalidad, en la cual las manifestaciones y síntomas de la neurosis son sentidos como egosintónicos, no presentándose una conciencia de enfermedad.

Trastorno del control de impulsos

Según algunos autores, tales como Fenichel(1957) y Frosch(1990), las toxicomanías son consideradas como trastornos del control de impulso. El impulso es definido, en este contexto, como la expresión de una fuerte motivación en una determinada conducta, que tiene la cualidad de ser irreflexiva e impetosa; en general, las personas sienten que el impulso es aparentemente irresistible y está acompañado de un alto grado de tensión. Los impulsos pueden ser tanto transitorios y expresarse de manera gradual hasta llegar a su clímax, como presentarse forma abrupta y violenta.
Es importante distinguir entre “acting out” e impulso, ya que ambos derivan de sustratos distintos. El acting out corresponde a una actividad inapropiada a su contexto, que representa el intento de satisfacción de una necesidad que no pudo ser resuelta por medios de los canales yoicos (reflexión, habla, pensamiento), a través de una acción sustituta regresiva que busca resolver el problema. En cambio, el trastorno de control de impulsos se caracteriza por ser un patrón de respuesta habitual de respuesta a la tensión, sin importar su fuente; no existe la significación simbólica ni las fantasías organizadas en torno a un tema característicos del acting-out. La búsqueda de un esquema que refleje una fuente traumática original en los trastornos impulsivos estaría destinada al fracaso, en tanto que en el acting out es reconocible el intento de solución de un trauma a través de las distintas conductas regresivas.

Si bien existen muchos tipos de trastornos del control de impulso, todos ellos poseen las siguientes tres características

Egosintonía: el impulso y el acto concomitante son consonantes con el estado actual del ego, no siendo percibidos como alienados del yo en el momento de la gratificación. Frecuentemente, es comprensible tanto para el sujeto como para el observado el sentido de la acción, lo que no ocurre en las compulsiones.
Distorsión Mínima del Impulso Original: El impulso se expresa en un acto consonante: la rabia se expresa en conducta agresiva, el deseo sexual en actos sexuales. No existe la distorsión clásica del síntoma de las neurosis clásicas.
Componente Placentero: El impulso tiene un componente primario placentero en el momento de la expresión. Si bien la persona se puede arrepentir o criticar a sí misma tras realizar la conducta, en el fondo ella deseaba realizar la conducta, cosa que no ocurre en los compulsivos.
El principal factor evolutivo que explicaría los desórdenes del control de impulsos sería el daño producido en el circuito de procesos que retrasa la expresión conductual del impulso. Este retraso es muy importante y está relacionado con la maduración del yo; se puede crear una jerarquía que va desde la más primitiva expresión desordenada de los impulsos hasta los más elaborados acting-out. El defecto en el control de impulsos no estaría dado principalmente por fallas del control, sino por el incremento de la fuerza del impulso que sobrepasa los mecanismos de inhibición.
Según Frosch, los trastornos del control de impulsos tienen su base en hechos traumáticos reales, tanto a nivel fisiológico como psicológico, que inhiben el desarrollo del lenguaje y descalabran el equilibrio entre habla y acción; las personas con un trastorno en el control de impulso tenderían a usar la acción como medio preferente de expresión antes que lo verbal. El grado de organización de la acción, está determinada por el tipo de experiencia traumática y en el momento del desarrollo que se produjo; existirían cuatro experiencias traumáticas típicas que facilitarían la aparición de un trastorno del control de impulsos, las cuales serían:
Experiencias tempranas de deprivación y vulnerabilidad, con abandono. El paradigma que corresponde aplicar es el un carácter privado oralmente, con falta de habilidad para tolerar la frustración y soportar la demora en gratificación
Absoluto cumplimiento de todas las necesidades, sin presencia alguna de frustración. Con esto, el potencial de desarrollo de la anticipación, la gratificación encubierta, la fantasía y demás capacidad simbólica se ve atrofiada, dificultando los procesos de retraso de la conducta.
Experiencias en las cuales inicialmente se producían gratificaciones, para las siguientes anticipaciones eran sistemáticamente frustradas. El tema de estos pacientes es el miedo al abandono, de la soledad.
Un tipo parecido al anterior se da en los casos en que encontramos una historia de sobreindulgencia y descontrolada satisfacción de necesidades, en la cual se desarrollan completamente los impulsos, tras lo cual se impone una extrama y activa frustración, llegando muy tarde para crear el balance entre el impulso y el control. Este tipo se expresa en el individuo que actúa complacientemente su impulso, tras lo cual se reprocha y se angustia.

-Desde una óptica  Neurobiológica:

Remite a la forma en que los organismos humanos devienen sensibles a
determinadas moléculas que proceden del exterior, al extremo de que las células de algunos órganos,
aparatos o sistemas las necesitan para que su funcionamiento siga con normalidad, si estas sustancias faltan se produce una reacción intensa, que puede poner en peligro la vida misma de la persona afectada. La ingesta compulsiva de alcohol, barbitúricos o bien de morfina, heroína y demas opiáceos; asi como la de cocaína y otros psicoestimulante​s como las anfetaminas, metanfetaminas y sus análogos estructurales, nos lo muestran palpablemente.
Mas explícitamente son sustancias diversas cuyo efecto es estimular los circuitos de recompensa y motivación cerebrales​:  ATV (área tegmental central) y N. Accumbens:
Vía común de  opiáceos, alcohol, cocaína-anfetaminas y nicotina. Algo a tener en cuenta es, que mientras mas rápida y mayor sea la magnitud de la activación y, menor sea el tiempo de duración del estímulo, su rápida extinción [vida media del fármaco] mayor sera la taquifilaxia(rápido acostumbramiento), y tanto mayor su poder adictivo.

-Desde el usuario la perspectiva suele cambiar radicalmente, el siguiente texto asi lo explicita:
“La liquidación del Opio”, Antonin Artaud.
Tengo la intención no disimulada de agotar la cuestión a fin de que se nos deje tranquilos de una vez por todas con los llamados de la droga. Mi punto de vista es netamente antisocial. No hay sino una razón para atacar el opio. Es la del peligro que su empleo puede hacer correr al conjunto de la sociedad. Ahora bien: ese peligro es falso. Nacemos, nos podrimos en el cuerpo y en el alma o, somos congénitamente inadaptados; suprimid el opio, no suprimiréis la necesidad del crimen, los cánceres del cuerpo y del alma, la propensión a la desesperación, el cretinismo innato, la viruela hereditaria, la pulverización de los instintos, no impediréis que existan almas destinadas al veneno, sea cual fuere, veneno de la morfina, veneno de la lectura, veneno del aislamiento, veneno del onanismo, veneno de los coitos repetidos, veneno de la debilidad arraigada en el alma, veneno del alcohol, veneno del tabaco, veneno de la anti-sociabilidad.
Hay almas incurables y perdidas para el resto de la sociedad. Suprimidles un medio de locura, ellas inventarán diez mil otros. Ellas crearán medios más sutiles, más furiosos, medios absolutamente desesperados.

Leopoldo Rodriguez
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