La Liquidación del Opio (A. Artaud)

 

Tengo la intención de extenuar esta cuestión , a fin de que se nos deje en paz de una por todas con eso que llaman “los peligros de la droga”.

Mi punto de vista es cabalmente antisocial y sólo hay una razón para atacar al opio y, es el peligro que su empleo puede representar para toda la sociedad. Pero este peligro es falso.

Nacemos podridos en cuerpo y alma, estamos congénitamente inadaptados; supriman el opio (…) no suprimirán la necesidad del crimen, los cánceres del cuerpo y del alma, la propensión a la desesperación, el cretinismo nato e innato, la viruela hereditaria, la frivolidad de los instintos. No evitarán que haya almas destinadas al veneno, sea cual fuere; veneno de la morfina, veneno de la lectura, veneno del aislamiento, veneno del onanismo, veneno de los coitos repetidos, veneno de una debilidad enraizada en el alma, veneno del alcohol, veneno del tabaco, veneno de la antisociabilidad (… ) Hay almas incurables y perdidas para el resto de la sociedad. Supriman uno de ellos, un medio de locura, inventarán otros diez mil. Crearán medios más sutiles, más furiosos, medios absolutamente desesperados de humanidad.

Dejemos que los perdidos se pierdan, es mejor ocupar nuestro tiempo que intentar una regeneración imposible y por demás, inútil, odiosa y dañina.

Hasta que no hallemos el modo de eliminar cualesquiera de las causas de la desesperación humana, no tenemos el  derecho de suprimir los medios por los cuales el hombre intenta deshacerse de la desesperación.

Por principio sería necesario abordar con éxito la supresión de este impulso natural y oculto, esta propensión engañosa del hombre que se inclina a encontrar un medio, lo que le da la idea de buscar una salida a sus males.

Por otra parte los perdidos, por naturaleza se pierden (…) todas las ideas de regeneración moral no harán nada, hay un determinismo innato, hay una incurable incursión indiscutible al suicidio, al crimen, a la idiotez, a la locura. Hay un cuco invencible en el hombre, hay una frivolidad de carácter, hay… Una castidad de la mente.

Existe afasia, existe necrosis dorsal, meningitis sifilítica, robo, usurpación. El infierno ya es de este mundo y hay hombres que infelices han evadido al infierno, evasión que los destina a recomenzar eternamente su evasión . Ya basta con eso.

El hombre es miserable, el alma débil, hay hombres que siempre se perderán. Los modos de las pérdidas no importan; no conciernen a la sociedad.

Lo hemos demostrado claramente, ¿no es así? que [La Sociedad] no puede hacer nada al respecto, está perdiendo el tiempo, así es que ya no se persista en arraigar su estupidez.

En fin (…) resulta perjudicial, y finalmente, dañino.

Para aquellos que se atreven a enfrentar la verdad, sabemos -no por nosotros- los resultados de la abolición del alcohol en los Estados Unidos:

Una super producción de la locura: Birra dietada con éter, alcohol saturado de cocaína que se vende clandestinamente, la embriaguez multiplicada, una especie de Pedo generalizado. En resumen, la ley del fruto prohibido.

Del mismo modo para el opio.

La prohibición -que multiplica la curiosidad por las drogas- hasta ahora solo ha beneficiado a los partidarios de la medicina, el periodismo y la literatura. Hay personas que han construido fama fecunda y laboriosa en su supuesta indignación contra la inofensiva y pequeña secta de los condenados por las drogas (inofensiva porque es pequeña y porque siempre, es una excepción), [usufructuando a] esta minoría de los condenados del espíritu, del alma al estado permanente de malaria.

Ah! que el cordón umbilical de la moralina está bien atado en ellos…(?) Desde su madre, jamás han pecado, no lo han hecho. Son apóstoles; son, descendientes de pastores: uno, solo puede preguntarse de dónde sacaron su indignación, y cuánto se bolsiquearon al hacerlo (?) y, en cualquier caso, si acaso reportan el hallazgo.

Y además, esa no es la pregunta y ese no es el punto. En realidad, esta furia contra las toxinas y las estúpidas leyes que se derivan de ella:

resultan inoperantes ante la necesidad de lo tóxico, que, satisfecha o no, es innata, inherente al alma e inducirá gestos resueltamente antisociales, incluso sin la existencia “del tóxico”.

Exaspera la necesidad social de Lo Tóxico y lo convierte en un vicio secreto. Ensombrece entonces a la enfermedad real, porque esa es en realidad la pregunta, el punto crucial, el punto peligroso:

Desafortunadamente para la medicina, la enfermedad existe.

Todas las leyes, todas las restricciones, todas las campañas contra los narcóticos nunca terminarán suprimiendo a todos aquellos que necesitan del dolor humano, que tienen sobre el estado social de los derechos imprescriptibles, el disolvente de sus males, un alimento para ellos más maravilloso que el pan, y los medios finalmente para reingresar en la vida.

Más peste que morfina, grita medicina oficial(!) más bien infierno, que vida. Sólo es taradez, del tipo de J.P. Liausu ( un ignorante aborto ) afirmar que debemos dejar macerar a los enfermos en su enfermedad.

Suicidio, desesperación, y vos, torturado en cuerpo y alma, perdés toda esperanza. No hay más alivio para vos en este mundo. El mundo vive de tu carnicería (2).

Y ustedes, fuegos lúcidos, tabéticos, cancerosos, con meningitis crónica, son incomprendidos. Hay un punto en vos que ningún médico entenderá nunca, y es éste el punto para mí  que nos salva y hace augustos, puros y maravillosos: estar fuera de la vida, estar por encima de la vida. Vos, tenes dolencias que el hombre ordinario no conoce, rebasas el nivel de su normalidad y este es, [miedo] el rigor por el cual te retienen; envenenas su paz, disuelves su estabilidad. Tenés dolores irreprimibles cuya esencia es ser inadaptable a cualquier estado conocido -no ajustable- en palabras. Tenés dolores repetidos y fugaces, dolores insolubles, dolores más allá del pensamiento, dolores que no están ni en el cuerpo ni en el alma, pero que se apoderan de ambos. Y yo, participo en tus males, y te pregunto: ¿quién hoza ponderar la dosis del analgésico que precisas? En nombre de qué mayor claridad -alma para nosotros mismos- nosotros que estamos en la raíz misma del conocimiento y la claridad. Y esto, por nuestros instancias, por nuestra insistencia en el sufrimiento. Nosotros, a ese dolor, lo hemos hecho viajar en nuestra alma en busca de un lugar de calma donde aferrarse, en busca de estabilidad en el mal, como los demás en el bien. No estamos locos, somos médicos maravillosos, sabemos la dosis del alma, la sensibilidad, el tuétano, y el pensamiento. Debemos relegar la paz, debemos pues dejar la paz a los enfermos; no demandamos nada a los hombres (…) sólo les pedimos (si acaso facilitan el acceso) para aliviar nuestros males. Hemos evaluado bien nuestras vidas, sabemos qué restricciones hay frente a los demás, y especialmente frente a nosotros mismos. Sabemos también que avasallan nuestro consentimiento, y qué parálisis de sutilezas [del buró] nos obliga cada día a nuestra  enfermedad . No nos van a suicidar ahora mismo, mientras esperamos la paz.

 

Antonin Artaud.

Traduction de M. Leopoldo Rodríguez, 2020

 

https://survector.bandcamp.com/track/une-lecture-silencieuse-dantonin-artaud-pour-en-finir-avec-le-jugement-de-dieu

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